Pues la verdad, muy cambiada, yo no la veo.
Así de carne y hueso se ve muy parecida a la imagen de las fotos en las que todavía no era mi mamá.
Digo, por supuesto que ha cambiado: panzona cuando estaba embarazada, el cabello corto después de que nací, muy flaca en mi fiesta de un año y con unos cuantos kilos de más después de que nació mi hermana.
Cuando mami cumplió treinta le ganó la vanidad o dio el treintazo o quién sabe qué, porque decidió ir con la nutrióloga, se puso a dieta y ¡bajó ocho kilos! Luego se blanqueó los dientes, se cambió el estilo del cabello, se depiló las cejas (lo cual nunca había hecho) y se empezó a poner crema de noche.
Papi dice que ahora mami está tan delgada como antes, pero más guapa y más sexy. “Los hijos te añadieron unas curvas que me encantan”. Claro, se supone que yo no debería oír ni entender cuando mi papá le dice esas cosas a mi mamá pues se las dice en secreto y cuando cree que estoy distraído, pero la verdad es que tengo oídos ultrasónicos que escuchan a varios metros a la redonda.
De unos meses para acá mi mami se ha quejado de colitis. Como mi mamá come de una manera saludable y toma mucha agua, el médico le dijo que debe ser estrés. “Yo no estoy estresada” dice mi mamá, pero yo digo que tal vez sí, aunque sea un poquis.
Y es que digo, cuando mi mamá no era mamá, podía hacer prácticamente lo que quería y sólo era responsable de ella misma. Pero luego nací yo y le cambié la vida totalmente: le rompí todos los paradigmas y le arruiné su eterno perfeccionismo. Que si la lactancia, que si los pañales, que si las visitas al pediatra, las vacunas y la estimulación temprana. Que ya gatea, que ya camina, que si el lenguaje era el adecuado para mi edad… la verdad es que estando al pendiente de todo eso y más, cualquiera se estresa.
Luego llegó mi hermana y ya éramos dos niños para cuidar: mientras yo aprendía a avisar cuando necesitaba ir al baño, mi hermana empezaba con eso de las papillas. Mami ya nunca iba sola a ningún lado: si salía caminado, metía a la bebita a la carriola, a mí me tomaba de la mano y nos íbamos. Si la cosa era en coche, entonces tenía que meternos a cada uno a la sillita de seguridad y llevar una mega pañalera con todo lo necesario para los dos.
Luego crecimos, dejamos de ser bebés y entramos a la escuela. Entonces, cuando mami creyó que la cosa se pondría tranquila, empezaron las tareas, los trabajos manuales, los disfraces, los exámenes, las ceremonias, los festivales, los diplomas y siempre, en todos esos momentos, ella y papi han estado presentes. Su vida ha cambiado muchísimo y han tenido que ingeniárselas de mil maneras para apoyarnos y seguir haciendo todo lo que a ellos les gusta, como salir solos de vez en cuando y cuidar su relación… bueno, esas son las palabras domingueras que ellos usan para decir que siguen súper enamorados.
He visto a mami angustiada cuando estamos enfermos y sus ojos llenos de lágrimas cuando le cantamos una canción el día de las madres, pero no es porque cantemos feo, sino porque se emociona muchísimo. La he visto un montón de veces al volante para llevarnos a las clases de natación o de música, yendo de un lado a otro consiguiendo algo que nos pidieron en la escuela. La he visto buscando nuevas recetas para darnos cosas ricas de comer y la he visto frustrada porque no le obedecemos o porque lo que hasta un día le había funcionado en nuestra educación, ahora ya no sirve más.
Seguramente su vida ha cambiado mucho. Yo la he escuchado decir que si hubiera sabido de verdad todo lo que implicaba la maternidad, quizá nunca se hubiera animado a tener hijos, pero qué bueno que sí se animó, porque así mi hermana y yo podemos disfrutar la vida.
Pienso que las mamás son las personas menos egoístas de todo el mundo. Aprenden a dar su tiempo, su sueño, su esfuerzo y su creatividad a otros, en fin, a dar su vida a aquellos que aman. Aprenden a hacer cosas que nunca imaginaron que podrían hacer, como cuando me pegué con la papelera en el colegio y ella se hizo la fuerte cuando vio mis dientes todos flojos y con sangre. Me apapachó, me dijo que todo estaba bien y me llevó al dentista.
Las mamás se convierten en mujeres fuertes, capaces de defendernos de cualquier peligro sin dudarlo. Pero también son fuertes cuando reconocen sus errores, cuando expresan sus emociones o cuando piden ayuda. A mí me gusta que mi mamá nos pida ayuda, porque así aprendo nuevas cosas y me doy cuenta de todo lo que soy capaz de hacer.
Sé que desde que yo nací mi mamá ha cambiado. Es más libre y más plena. Cada día se esfuerza por ser mejor, por aprender más, por estar al tanto de lo que a nosotros nos gusta e interesa. Siempre busca ser una mujer inteligente para- junto a papi- poder guiarnos y ayudarnos a crecer, a entender nuestras emociones, a conocer a Dios, a encontrar nuestro propio lugar en este mundo.
Yo veo las fotos de hace años y luego miro a mi mamá: la del pasado y la del presente son iguales. Aunque estoy seguro que lo que ya no es igual en ella es su corazón: debe ser más grande, pues en él, mi hermana y yo, cabemos perfectamente.


























"Tengo el poder de hacer que mi matrimonio, mi maternidad y mi hogar palpiten al ritmo de La Vida. Todo depende de mi actitud. Si yo pienso que ser esposa, madre y ama de casa es insignificante, voy a frustrarme.